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El futuro de la energía:
Un reto para la ingeniería industrial


 

Las crisis petroleras de 1973 y 1979 pusieron en evidencia la fragilidad del sistema económico actual respecto del suministro de energía.

En la actualidad, la humanidad consume 8.450 millones de toneladas equivalentes de petróleo al año, de las cuales 3.400 son efectivamente de derivados del petróleo; 2.200 de carbón; 2.000 de gas natural; algó más de 600 de energía nuclear y unas 250 de energía hidráulica y otras fuentes renovables.


La Tierra es un sistema térmico en equilibrio radiante con el Sol y el resto del Universo. 

 

Es altamente probable que el consumo energético mundial siga aumentando, particularmente en zonas muy pobladas. Y habrá que tener en cuanta los efectos climáticos del consumo de energía, pues podría modificar sustancialmente las condiciones de vida en el planeta.

El equilibrio climático se verá dañado si la energía artificial supera el uno por ciento de la energía recibida por el sol.

Las cifras actuales permitirán aumentar 80 veces el consumo energético total; quizá menos. El problema es de dónde extraer la energía que necesitamos. Junto a la propia energía solar y derivados, la única fuente energética que previsiblemente podrá aprovisionar a la humanidad indefinidamente es la fusión nuclear.


A nivel del mar y con día diáfano, la tierra recibe del sol unos 1000 vatios por metro cuadrado.
La imagen, tomada desde un satélite, representa la variación de la temperatura marina en el Océano Pacífico.

cíficoUn problema adicional será el de las formas de energía. Cuando el petróleo y el gas natural se hayan consumido, se podrá recurrir a la producción de combustibles sintéticos a base de carbono e hidrógeno, o incluso de hidrógeno únicamente, para mover vehículos y aviones. Pero el hidrógeno habrá que extraerlo del agua, y su reducción química es energéticamente más costosa que la energía que luego se obtiene por combustión.

Conviene subrayar que el llamado motor de agua no existe. Es termodinámicamente imposible, ya que separar el hidrógeno del óxido en la molécula de agua es muy costoso, energéticamente hablando.

El total de energía que la Tierra y la atmósfera reciben del sol anualmente, equivale a unos 120 millones de megatoneladas de petróleo: unas 13.000 veces más que lo que la humanidad genera por mecanismos artificiales.

Si consideramos sólo la energía solar que llega a zonas que tienen efecto sobre el clima, la energía artificial sería unas 8.000 veces menor que la aportación solar.

 

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